Me dijo que imaginaba un barrilete y tres niños
que el sauce estaba muy débil
que en realidad él no quiso
que era uno de esos días
que todo es un estropicio...
Me dijo que los pichones a veces apresurados
caen al suelo indefensos,
y él no consigue evitarlo...
me habló de arenas de agosto,
de cartas de enamorados,
del humo en las chimeneas,
del fuego abrazando el árbol...
Iba quebrado de culpas y seguía confesando,
en su lomo de distancia
no cabalgaba ni un pájaro,
era un fantasma ese viento,
un alma en pena, penando
y en ese telar de angustias
tejió sus babas el diablo.
Me dijo que imaginaba que siempre llevo conmigo
un barrilete y tres niños,
a veces apresurados,
me habló de arenas de agosto,
que en realidad él no quiso,
del humo abrazando el fuego,
de cartas de enamorados...
del fuego de enamorados
que a veces de apresurados
caen al suelo indefensos
para olvidar sus quebrantos,
el viento me confió cosas que siempre llevo conmigo,
me habló de arenas al cielo
y chimeneas al piso.
Le pregunté por las llamas del techo de los de abajo,
dijo: "el hombre ha de luchar para conseguir los clavos
en vez de hincarse a rezar para olvidar sus quebrantos,
o de sentarse a esperar regalos eleccionarios."
Me sorprendió la respuesta, pero no quise atajarlo,
que cuando lleva razones, vaya, quién puede pararlo.
el tiempo me confió cosas que siempre llevo conmigo...
que siempre llevo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario